Digitales
Sistema FM
Recodificadores
Estilos
 
 
 
 
 
 
 
 
Audición

Los efectos de una pérdida auditiva son sutiles, pero devastadores a medida que avanza el tiempo. Es necesario comprender a fondo el problema para poder enfrentarse a él. Para poder comprender bien el impacto causado por una pérdida auditiva, tenemos que apreciar la importancia de una buena audición para una vida normal.

Entramos a este mundo rodeados de sonidos, oyendo nuestro propio llanto y el tranquilizador sonido del latir del corazón de nuestra madre. Desde ese instante, empieza para nosotros una larga jornada siempre acompañados por los sonidos característicos de nuestra vida diaria. En efecto, terminamos asociando esta confusa y cambiante telaraña de sonido con la vida misma.

Aún en la infancia, empezamos a reconocer sonidos y los relacionamos a un significado. Los sonidos se transforman en señales o advertencias, se destacan en el ambiente para llamar nuestra atención.
A medida que crecemos el sonido nos provee la base para nuestra comunicación. Aprendemos palabras que nos sirven de símbolos para describir cosas, ideas y mensajes.

Hemos estado asociados a nuestro medio ambiente desde nuestro nacimiento con sonidos que han pasado inadvertidos, pero que siempre hemos oído.
Casi todos los sonidos forman un complejo fondo más allá de nuestra conciencia. Sin embargo, a un nivel subconsciente, estos sonidos de fondo nos dan un sentido de participación y seguridad.

Hemos estado asociados a nuestro medio ambiente desde nuestro nacimiento con sonidos que han pasado inadvertidos, pero que siempre hemos oído.
Casi todos los sonidos forman un complejo fondo más allá de nuestra conciencia. Sin embargo, a un nivel subconsciente, estos sonidos de fondo nos dan un sentido de participación y seguridad.

Como un radar, nuestra audición se extiende en todas direcciones de una sola vez y a grandes distancias. Nos proporciona información y seleccionamos descartando las que carecen de importancia. Cientos y miles de señales originadas en sonidos penetran nuestro cerebro, parecido a una computadora de día y de noche. El constante flujo de sonido de fondo, no se detiene nunca. No podemos dejar de oír ni cuando dormimos. Podemos cerrar nuestros ojos, pero no podemos desconectar nuestros oídos.

El constante flujo de sonidos persiste sin interrupción. Rara vez conscientemente nos percatamos de nuestra profunda alianza con esto y nuestra dependencia de ello. Para el residente de la ciudad, acostumbrado al sonido del tráfico y a otros ruidos, el silencio relativo del campo puede transformarse en molesto. El mundo conocido subconscientemente por él, como sonoro ha sido suprimido.

Por supuesto, para algunos de nosotros, esta falta de contacto con el mundo se debe a causas más permanentes... y las consecuencias pueden ser más significativas, más profundas.

Algunas veces falla el plan de la naturaleza de proveernos con un contacto sin interrupción con nuestro medio ambiente. Por enfermedad, algunos tipos de drogas o el proceso de envejecer, muchos de nosotros nos vemos afectados por pérdida de audición.

Generalmente el proceso de la pérdida de audición es lento, no se detecta en su comienzo y como resultado, se acepta fácilmente. De alguna manera parece sólo una pequeña pérdida y aparentemente es fácil adaptarse.

¿Pero qué se ha perdido? Pérdida de comunicación normal. Comprensión, incluso la habilidad de conversar claramente. Son pérdidas obvias que van apareciendo con el paso del tiempo. Sin embargo, el impacto de una pérdida parcial de audición puede parecer desproporcionada al grado de dichas consecuencias.

Muchas veces no nos damos cuenta que la persona que pierde audición ha sido en cierta forma separada de su ambiente.

La antena que antes proporcionaba un constante flujo de información ha sido dañada. El mundo que una vez fue lleno de sonidos, se oscureció y está lejos. La separación del mundo obliga a la persona con pérdida de audición a ser introvertida. Se desarrolla un creciente desprendimiento del medio ambiente y un notorio sentido de inseguridad.

Mientras más difícil y torpe se transforma la comunicación, el individuo se aleja más de la realidad, incluso la relación con amigos cercanos comienza a ser afectada.

Esto puede conducir al alejamiento de relaciones y a problemas entre miembros de la familia. El tratar de adaptarse puede dar como resultado una fuerte tendencia a aislarse aún más lo que aumenta los sentimientos de soledad en la persona.

En este momento aparecen grandes problemas. Se produce el temor al aislamiento y al mismo tiempo se lo desea.

El impacto psicológico interno crece, alimentado por el ciclo vicioso que lleva a la persona a aislarse más debido al sentido de separación. Hay factores que estimulan esta regresión. La gente amada puede volverse impaciente, irritable y aún condescendiente.

Conversaciones no oídas o interrumpidas, risas apenas percibidas, todo puede ser interpretado como ataques personales o como crítica escondida. Toda tendencia a ser demasiado preocupado de sí mismo o sensible, se amplifica hasta alcanzar el nivel de la sospecha o duda.

La depresión y falta de estímulo pueden finalmente vencer el deseo de adaptación. Perdido el deseo y aislado por imposición personal, el individuo es empujado a mayores profundidades de depresión.

Mientras más tiempo se ha ignorado la incapacitación auditiva, es más difícil enfrentarse al impacto psicológico, aunque se estabilice la audición, el ciclo puede continuar.

Los que estamos incapacitados auditivamente, estamos separados del mundo del sonido. Si podemos restablecer contacto con un mundo que sigue vivo, podemos seguir perteneciendo a él. Considerando las alternativas no hay tiempo, que perder.